Bartolomé de las Casas, controversias y relatos, sobre la Conquista y por la defensa de los indios
Por Antonio j.Pecellin Mejias
La figura de Bartolomé de Las Casas tiene un especial protagonismo por su visión sobre la conquista, colonización, evangelización y "destrucción" de las Indias. Estamos ante un pensador clásico en el doble sentido de ser un autor cuya lectura nos resulta vital para interpretar su propio tiempo, para conocer aquello que pasó en el proceso de colonización de las Indias y a la vez un autor que podemos leer a la luz de los problemas actuales, muchos de los cuales son problemas de siempre, como es el del encuentro -o desencuentro- entre culturas enfrentadas, el problema de la llamada "intervención bélica humanitaria" o el de los derechos que deben ser reconocidos a las minorías.
Cuando se intenta hacer una valoración sobre la actividad y la obra de Las Casas, y en este autor resulta totalmente imposible separar la teoría de la práctica, surgen distintas cuestiones que no están todavía plenamente resueltas. En realidad sobre Las Casas se discute todo_. Se cuestiona su origen (se ha afirmado que su familia procedía de mercaderes franceses, o portugueses, o que sus padres eran "cristianos nuevos"); se pone en cuestión su integridad psíquica; se discute su lealtad a la Corona y asimismo su ortodoxia con respecto a la Iglesia. A nivel intelectual se ha especulado sobre su pertenencia a la Escuela teológica salmantina así como sobre la originalidad de su pensamiento. Todo en Las Casas resulta polémico. Su obra extensa, compleja, con numerosas citas, autoridades, matices y reelaboraciones, permiten esas múltiples interpretaciones. Bartolomé de las Casas ha pasado a la historia para unos con el honroso título de Defensor de los indios y para otros como el iniciador de la Leyenda Negra.
Bartolomé de Las Casas nace en Sevilla en 1484 y muere en Madrid en 1566, o sea que su vida se desenvuelve pareja a la conquista de América de la que será un testigo de primera mano. Cuando Las Casas tiene nueve años ve en Sevilla a Cristóbal Colón y cuando cumple quince años su padre, Pedro de Las Casas, le entrega un indio que Colón le había dado como esclavo por acompañarle en el segundo viaje del Almirante a América. En 1502 con dieciocho años hace Las Casas su primer viaje a América de los muchos que le seguirán. En un principio participa de la conquista sirviendo bajo las órdenes de Nicolás de Ovando contra los indios rebeldes de Xaraguá y recibe indios como recompensa por sus trabajos. Cuando llega a América por primera vez los indios caribes ya han sido prácticamente exterminados y la mortandad entre los indios de otras tribus es altísima, aunque no solo por la muerte directa a manos de los conquistadores, sino en mayor medida como consecuencia de los trabajos forzados y de manera notable por las enfermedades que los europeos llevan consigo_.
En 1507 se ordena sacerdote, probablemente en Roma. En 1514 sufre una "primera conversión" fruto del contraste entre su condición religiosa y la realidad de pillaje que vive de nuevo ya en América. Sin duda estuvo también influido por el impacto provocado por el sermón de fray Antón de Montesinos en 1511_ donde se denunciaban por primera vez las encomiendas y el trato dado a los indios. En 1522, en lo que se ha llamado su "segunda conversión", una nueva actitud le llevará a hacerse dominico y a dedicar su vida a la defensa de los indios. Renunciará públicamente a sus esclavos y comienza una larga lista de actuaciones, memoriales e informes para mejorar el trato dado a los indios. Presentará esas gestiones ante Fernando el Católico, Cisneros, Carlos V y Felipe II con un cierto éxito teórico pues se elaboran las famosas leyes de Indias de 1542 pero con poco éxito práctico puesto que no logrará que se apliquen correctamente. En reconocimiento a su labor será nombrado primero por el Cardenal Cisneros como Protector de los indios y más tarde obispo de Chiapas en México. La vida de las Casas está marcada por una actividad incansable en la defensa de los indios. Viajó más que Marco Polo, recorrió más de 20.000 leguas, las tres cuartas partes de ellas de viaje "marino". Fue un hombre que se tomó la vida muy en serio, según uno de sus biógrafos sin sentido del humor, preocupado por la salvación de su alma y de la de todos los que le rodeaban_
De su obra me interesa especialmente lo relativo a la conquista por su trascendencia histórica y teórica. La denuncian los atropellos llevados a cabo durante la conquista y la defensa de los indios. También destacar asimismo, su Apología, que fue escrita contra las tesis de Ginés de Sepúlveda, y donde se resume su argumentación en la famosa Controversia de Valladolid de que luego hablaremos_.
En las obras de Las Casas encontramos siempre unos pocos temas que son avalados con toda clase de argumentos: teológicos, jurídicos, filosóficos o históricos. Esos temas son: la denuncia de las encomiendas, la ilicitud de la conquista americana, la necesidad de una evangelización pacífica y la obligación de restituir la propiedad a los indios.
Hay que tener en cuenta las diversas "conversiones intelectuales" que experimentó Las Casas, más numerosas que las conversiones vitales a que se refieren sus biógrafos. Las Casas defendió desde su conversión la libertad de los indios, pero no siempre lo hizo con las mismas razones y no mantuvo siempre el mismo concepto de libertad. Tras su primera conversión, en 1514, Las Casas apuesta por los indios "porque son españoles". Esto es, denuncia los abusos, los atropellos…. "Hasta entonces era el hombre que, instintivamente, se limitaba a seguir las directrices marcadas por el padre Córdoba, que condenaba las extralimitaciones de los encomenderos, sin ocuparse de la licitud del sometimiento de los naturales, ni de los demás problemas doctrinales que permitirían el desarrollo pleno de una línea política de libertad congruente"_.
Fray Pedro de Córdoba era entonces el vicario de los dominicos y había conocido de primera mano los atropellos que se cometían contra los indios en la isla de Santo Domingo. Cuando en 1522 Las Casas se hace dominico es probable que fuera incorporando nuevos razonamientos a favor de los indios como el de su inocencia natural o su condición de infieles que desconocen el cristianismo sin culpa alguna. En su Historia de las Indias, que se publicó en 1552, pero que comenzó a escribirla mucho antes, su concepto de libertad medieval, teológica, agustiniana, providencialista, donde el hombre está en manos de la voluntad divina y queda poco espacio para la libertad humana. Las cosas suceden porque así lo ha querido Dios. Dios ha elegido al Almirante para descubrir el mundo. No hay sitio para el azar.
Pero Las Casas, después de hacerse dominico, conocerá progresivamente la doctrina de Santo Tomás y de Francisco de Vitoria y su concepto de libertad será cada vez más racionalista hasta hacer de la misma una característica esencial de todo hombre. Citando expresamente a Santo Tomás afirma Las Casas que la libertad es un derecho natural "porque la libertad es un derecho ínsito en el hombre por necesidad y ´per se´, como consecuencia de la naturaleza racional y, por ello, es de derecho natural". Todos los hombres tienen la misma naturaleza, la misma idéntica libertad. Por Derecho natural todos los hombres son libres "comoquiera que los hombres todos al principio naciesen y fuesen libres"_. Al ser la libertad un derecho natural es imposible perderlo. Los indios no pueden renunciar a la libertad. Ni puede haber razón alguna para someterles a esclavitud. Todos los hombres tienen entendimiento y voluntad, todos tienen los mismos cinco sentidos y todos son capaces de desear el bien y aborrecer el mal. La esclavitud no es algo "natural" sino convencional, artificial, introducido por los avatares históricos. Por ello la libertad es el estado normal del hombre y si alguien es esclavo habrá que probar que lo es. "Si no se prueba lo contrario, hay que suponer que todo hombre es libre"_. Las Casas va a criticar la peculiar fórmula de esclavitud a que han sido sometidos los indios. Denuncia el régimen de encomiendas y repartimientos llevado a cabo por los conquistadores.
Colón trajo a España indios que pretendió vender como esclavos, provocando la reacción de la reina Isabel que mandó que fuesen liberados. La esclavitud era entonces una institución aceptada tanto en Europa, donde había sobre todo esclavos capturados en las guerras contra los musulmanes, como en América donde también existía la esclavitud antes de la llegada de Colón. Los indios de América no fueron sin más esclavizados. El número de indios esclavos en sentido jurídico será muy reducido. Cuando en las Leyes de Indias de 20 de noviembre de 1542 se prohíba la esclavitud de los indios y se mande liberar a los indios esclavos, apenas se encontrarán, según Galeano, en todo México miles de indios esclavos. Ahora bien, como la conquista se hizo con particulares y no con el ejército regular (que estaba en Italia, en Flandes, etc.), para recompensar a los conquistadores se establecerán las "encomiendas" que, de hecho, se convertirán en instituciones de servidumbre. La institución suponía que los indios eran encomendados a "honrados" españoles para su adecuada cristianización, pero en la práctica iba unida a los repartimientos de indios y suponía un sistema de trabajo forzado, sin remuneración, ya que el encomendero tenía derecho al cobro de los tributos que los indios debían al fisco real, tributos que se cobraban en su mayoría con trabajo. Los indios eran obligados a convivir con los españoles y a trabajar para éstos. Las Leyes de Indias de 1542 prohibieron la creación de nuevas encomiendas pero admitían las ya existentes mientras vivieran sus titulares.
No se puede alegar como hacían los encomenderos que la esclavitud ya existía en América y que los indios también tenían esclavos o que les fueron entregados algunos de ellos por sus propios jefes. Las Casas insiste en que la esclavitud tenía entre los indios un significado muy diferente, que el esclavo indio era una especie de criado pero con su propia vivienda, familia, propiedad, etc. Los españoles habrían cambiado las condiciones reales de esos esclavos.
Las Casas adoptará una posición inequívoca sobre este tema. Pedirá una y otra vez la supresión de las encomiendas. Apela a la condición de "súbditos" de los propios indios. En el Octavo remedio , presentado al rey en 1542, pedía la supresión total de las encomiendas y la incorporación directa de los indios a la Corona como súbditos del rey español. En este caso defiende a los indios afirmando que son "españoles", que son súbditos de su majestad, y que deben ser gobernados directamente por él y no mediante otros "señores interpuestos" lo que es un planteamiento coherente con la pretensión de concentrar el poder propio del Estado moderno_. Las encomiendas eran un sistema feudal de señorío que se trasplanta a América y que suponía una "privatización" del poder político_. El encomendero ejercía funciones públicas, como el cobro de impuestos, que al realizarse a menudo en forma de trabajo personal permitía el enriquecimiento de los encomenderos. De hecho intentaron comprar la perpetuidad de tales encomiendas, que eran temporales, por grandes sumas. En su lucha contra las encomiendas, Las Casas defenderá el carácter público, inalienable del poder político. Aboga porque el rey ponga e incorpore en la corona real de Castilla y León a los indios "como súbditos y vasallos libres que son, y ningunos estén encomendados a cristianos españoles"_. La conversión de las encomiendas en perpetuas supondría la destrucción total de los indios además de dificultar su evangelización. Denuncia que los encomenderos se oponen a que los indios sean adoctrinados porque ello les estorba para su explotación económica y para la evangelización de los indios_.
En su argumentación insistirá en que muchos indios son idólatras, caníbales, que se hacen la guerra para conseguir prisioneros que satisfagan su hambre de carne humana. Sepúlveda encuentra un aliado en la obra de Alfonso de Castro, su De iusta haereticorum punitione de 1547, donde se defendía la licitud de la guerra contra la idolatría. Argumenta que también Vitoria y el cardenal Cayetano habían justificado la licitud de la guerra para asegurar la predicación evangélica. Para Sepúlveda hay que garantizar que los misioneros no serán asesinados.
Las Casas resumirá en cuatro los argumentos de Sepúlveda para justificar la licitud de la guerra hecha a los indios. Se trataría de una guerra justa: 1) por la gravedad de los pecados de los indios, tales como la realización de sacrificios humanos y la antropofagia, 2) para salvar a las víctimas inocentes de tales prácticas, 3) porque así resultaría más fácil su evangelización y 4) sobre todo porque los indios eran "siervos por naturaleza" en la conocida doctrina aristotélica. Los indios entraban dentro de la categoría aristotélica de "bárbaros" y como tales podían ser considerados como esclavos por naturaleza ( servi a natura )_. Para Sepúlveda los españoles no sólo tenían derecho a estar en América sino también un auténtico deber, el propio de los pueblos civilizados a extender la razón a los pueblos bárbaros.
La defensa de las Casas durante la Controversia vallisoletana no consiste en presentar otra teoría diferente sobre la guerra justa_ sino que su línea de defensa se centrará en negar que esa teoría sea aplicable a los indios. La guerra por la que los indios han sido reducidos a esclavitud es injusta. El príncipe no tenía autoridad legítima para declararla. No cuestiona la teoría de la guerra justa como tal, ni la consecuencia aceptada en su tiempo, de que los vencidos en ella quedaban sujetos a esclavitud, sino la concreta guerra realizada contra los indios. Es un enfrentamiento sobre la valoración de los hechos más que sobre el derecho aplicable. Pero, finalizada la Controversia, al elaborar sus conclusiones se verá obligado a distanciarse de algunas tesis de la escuela vitoriana.
Veamos en concreto las réplicas de Las Casas contra la "guerra justa" de Sepúlveda. En su defensa contra la primera tesis, la existencia de vicios como la idolatría o los sacrificios humanos, Las Casas argumenta la falta de jurisdicción de los españoles y de la propia Iglesia para castigar esas conductas. Esos sacrificios no deberían en ningún caso ser castigados por los españoles ni por la Iglesia sino por Dios. Y finalmente cree Las Casas que el intentar suprimir esos ritos con medios violentos generará un enorme resentimiento contra la religión cristiana que hará imposible su conversión_.
Con todo, el núcleo del debate se centró en la pretendida esclavitud por naturaleza de los indios. Según Sepúlveda aquellas gentes son bárbaras, "llenos de vicios, crueles y de tal índole que su naturaleza aconseja que sean gobernados por otros". La argumentación de Las Casas se ocupará en diferenciar los distintos significados del término "bárbaro" y probar luego que en ninguno de ellos cabe encajar a los indios.
Se puede entender por "bárbaros", en sentido amplio, a aquellos que son "crueles, inhumanos", pero si nos fijamos en esta acepción sería más fácil aplicársela a los españoles que a los indios a causa de las atrocidades de la conquista.
Las Casas lo que niega es que los indios pertenezcan a este grupo puesto que son seres racionales, tienen sus propios reyes y jefes, sus propias leyes y costumbres. No son bestias que se puedan cazar, ni carecen por completo de razón, ni están privados de facultades intelectuales, ni son necios. Según Las Casas este tipo de bárbaros del que habla Aristóteles sólo puede darse en algún caso aislado, ya que la naturaleza no puede equivocarse en mucho y nunca puede haber un pueblo entero de esta clase. Y mucho menos admite Las Casas que pueda haber toda una región de pueblos en este género de barbarie trabajos injustos, crueles, duros y rigurosos como a jumentos y que pueden ser capturados por hombres más inteligentes con ese fin". De existir esos bárbaros no dejarían de ser criaturas de Dios y como tales seres redimidos y hermanos nuestros.
El significado de "bárbaros" sería el de aquellos que no son cristianos, en el sentido de que la falta de conocimiento de la ley revelada provocaría la práctica de costumbres depravadas y otras deficiencias morales. Claro que este tipo de barbarie no proporciona excusa alguna para hacerles la guerra sino para predicarles el Evangelio pacíficamente. "En cambio, la guerra no es un medio apto para la difusión de la gloria de Cristo ni de la verdad evangélica, sino más bien para hacer odioso y abominable el nombre de cristiano a los que sufren las desgracias de la guerra. Por tanto, la guerra contra los indios, que vulgarmente llamamos ´conquista´ es impía y anticristiana de por sí. Pues no hay motivo para hacerles la guerra, ni nunca en tiempos pasados cometieron contra nosotros un delito digno de la guerra, y menos porque ellos eran desconocidos en nuestros territorios"_. No se conseguirá la salvación de los indios matándoles.
Este es el asunto al que Las Casas dedica más páginas y más entusiasmo, a saber, el del modo correcto de llevar a cabo la predicación. Apoyándose en algunas tesis de San Agustín durante la Edad Media se había defendido la licitud del empleo de la fuerza para la predicación de la fe. Las Casas sostiene que la extensión de la fe debe llevarse a cabo, mediante la persuasión y no por la violencia. "Luego, la criatura racional debe ser llevada a la fe y a la religión cristiana dulcemente, con blandura y suavidad, de manera que espontáneamente y con voluntad de libre albedrío y con disposición natural, oiga, acepte, crea y reciba cuanto de relativo a la fe y a la religión se le anuncia"_. Los indios eran lo suficientemente razonables como para comprender la fe por lo que se les debía persuadir, convencer y no forzar a ella. Nadie puede creer, dice Las Casas, sino queriendo. "Por eso, sería sacrílego y estúpido hacer la guerra contra los infieles para que escuchen el Evangelio, cuando de ello surgiría odio de la religión más bien que provecho para la fe"_.
En su defensa de la pacificación, como labor previa a la predicación, Sepúlveda se había apoyado en algunas ideas de Vitoria. Según Vitoria los indios no tienen la obligación de aceptar la religión que se les propone, pero sí la de permitir su predicación. Vitoria considera un título legítimo para la intervención el que se impidiera violentamente la predicación del evangelio o la conversión de los infieles. Si un príncipe infiel impidiera por la fuerza la predicación se estaría comportando como un tirano y el Papa podría encargar a un príncipe cristiano que la llevara a cabo suprimiendo los obstáculos a la predicación también por la fuerza. Se trataría de una intervención para suprimir las causas que impiden la predicación del Evangelio, y en ningún caso de una excusa para apropiarse de sus bienes o para suprimir sus jurisdicciones.
Sin embargo, Las Casas no cree que este título sea aplicable al caso de los indios, porque el impedir la evangelización matando por ejemplo a los predicadores debe ser hecho, para que sea causa de guerra, con malicia, como lo hacen los turcos y los moros, pero no es éste el caso de los indios. "Por tanto, afirmar que los indios pueden ser combatidos en guerra supera todo estupor y demuestra una lamentable ignorancia, aunque maten a doscientos mil predicadores y aunque mataran al mismo apóstol San Pablo y a los demás apóstoles de Cristo que les evangelizaran". El hacerles la guerra antes de que se conviertan es indisponer a los indios en contra de la religión y de los cristianos. Los indios por su naturaleza pacífica y mansa son especialmente aptos para recibir el Evangelio. Los misioneros deben predicar sin los soldados y confiar en el buen resultado de sus palabras y ejemplos. Pregunta retóricamente: "¿Qué tiene que ver el Evangelio con las bombardas?". A lo sumo admite que cuando no haya garantías de seguridad se construyan algunas fortificaciones para proteger desde allí a quienes predican pacíficamente el Evangelio_.
Los indios han sido privados de su libertad pero también de su propiedad. Las Casas no solo pide que sea abolida la esclavitud sino que se les devuelvan las tierras a los indios. Dios concedió la naturaleza en común a todos los hombres, sin excluir a ninguna raza. "Las Casas considera el derecho de propiedad como una facultad común a todos los hombres y, por tanto, también a los infieles". Los indios "aunque no hayan abrazado la fe, no por eso debe privárseles de libertad, posesión y propiedad de las cosas que la naturaleza les concedió, sino que, muy al contrario, es lícito que puedan usarlas y disfrutarlas"_. Esta exigencia pone en cuestión la legitimidad de toda la conquista. La conquista de América habría supuesto un atentado contra la ley natural, habría violado la libertad y también la propiedad de los indios. "Todos los bienes que todos los conquistadores en todas las Indias tienen, todos son robados y por violencias enormísimas y gravísimas habidos, y tomados a sus propios dueños y naturales propietarios y poseedores que eran los indios"_. Las tierras americanas no eran res nullius , no eran bienes vacantes, sino que tenían legítimo dueño.
Ahora bien, la defensa que Las Casas hace de los indios no podía llegar tan lejos que negara por completo el derecho de los españoles a estar en América, que cuestionara el derecho de jurisdicción de los monarcas y su derecho a cobrar impuestos. Pero también sobre este punto el pensamiento de Las Casas se irá radicalizando. Tras su primera conversión, en 1514 y hasta su vuelta definitiva en 1547 participó en diversas iniciativas para llevar españoles a América. Realizó al menos tres proyectos de repoblación con españoles, de colonización pacífica mediante campesinos castellanos además de su constante trabajo por enviar misioneros españoles para evangelizar a los indios. Las Casas admite la colonización siempre que sea pacífica y que se lleve a cabo sobre tierras que no estén pobladas por los indios. Pero de sus primeras críticas contra las actuaciones concretas de los encomenderos terminará defendiendo al final de su vida la salida de la mayoría de los españoles de América, aparte de los misioneros y de unos pocos cientos de soldados que defiendan la soberanía "superior" de los reyes sobre los propios gobernantes indios.
Los cristianos tienen derecho a predicar la fe, a predicar aquello en que creen, lo que para los católicos es incluso una exigencia evangélica: "id y predicad a todos los pueblos"_. La fe no deja de ser para él el bien más valioso que se puede transmitir a los indios. El Papa no tiene jurisdicción sobre los bienes de los indios pero puede encomendar a un monarca, como lo hizo Alejandro VI con los Reyes Católicos, para que de manera exclusiva se ocupe de la predicación en esas tierras. También causaban sorpresa sus consideraciones de que la cultura de los indios era superior incluso a la griega y la romana_. Para los partidarios de Sepúlveda las posturas radicales de Las Casas hubieran supuesto el abandono español de América por la imposibilidad práctica de llevar a cabo la colonización tal y como él pretendía. Por otra parte, aunque la conquista hubiera sido injusta, el abandono de los españoles no hubiera producido la libertad de los indios sino la entrada de otros países europeos como ingleses, holandeses y franceses menos preocupados con estos problemas de conciencia.
Así y todo no puede dudarse de que Las Casas defendió cuanto pudo los intereses de los indios y Sepúlveda, al parecer, los de los conquistadores_