por Antonio Pecellín
…A los jóvenes, con el
deseo de que puedan alcanzar una vida mejor que la que tienen sus padres…con
esta dedicatoria nada halagüeña comienza “Los estados del bienestar en la
encrucijada”[1]
Con la llegada de la industrialización las condiciones de
vida cambiaron, la mayoría de los obreros vivían en núcleos urbanos, lejos de
sus comunidades y de sus familias que les proporcionaban ayuda en caso de
necesidad. Esto significaba que habían de enfrentarse a enormes problemas si
faltaba el jornal debido a razones tales como los frecuentes accidentes de
trabajo en la incipiente industrialización, la incapacidad, las enfermedades,
la vejez o el despido.
Ante esta situación, durante el siglo XIX, algunos
trabajadores lograron organizarse[2],
copiando elementos gremiales y de las corporaciones de la
Edad Media de ciertas profesiones urbanas
creando los que se dio a conocer como la Friendly Societies
en Inglaterra o las Société de Secours Mutuelles en Francia, un tipo de clubes
solidarios cuyos miembros debían pertenecer a la misma profesión/ocupación y
pagar una parte del salario, en parte estas sociedades estuvieron en el origen
del desarrollo de los sindicatos. Cuantos más obreros lograban organizarse, mas
presión podían ejercer sobre los patronos, y esta presión se convertía en
reivindicaciones para mejorar las condiciones de trabajo y conseguir unas
condiciones de vida dignas[3].
Con el paso del tiempo los sindicatos de clase lograron
innumerables conquistas políticas, sociales, materiales y morales. Estas, el
grueso del desarrollo del Estado de Bienestar,
llegaron después de la
IIGM influidas por el histórico informe Beveridge. Los
siguientes treinta, los treinta gloriosos, se caracterizaran por el pleno empleo
y la provisión de servicios sociales universales, en definitiva y ante la
existencia de otro modelo social y económico al otro lado de telón de acero, el
capital opto por el acuerdo con el movimiento obrero.
Nada es eterno
Comenzada la década de los 70, se llegó a un «punto muerto»
social entre las clases dominantes y los trabajadores, que desembocó en el
estancamiento de las economías, la burocratización de los sindicatos y las
izquierdas y las demandas de las clases capitalistas de un nuevo liderazgo más
dinámico, capaz de desafiar al bloque colectivista y desmantelar
sistemáticamente el Estado de bienestar[4].
El órdago neoliberal encabezado por la aventajada discípula
de Milton Friedma, M.Thatcher y R.Reagan
supondría el rechazo por principio del Estado del Bienestar, justificando su oposición
en la incompatibilidad con el progreso
económico. El neoliberalismo supone una ruptura del compromiso político entre
los intereses del capital y los del trabajo sobre el común beneficio del Estado
de bienestar, poniendo de relieve una gran dificultad para conciliar la
economía capitalismo de mercado y el compromiso social del bienestar, que
supone un elevado gasto social además del pleno empleo.
Los fracasos frente a la crisis de los setenta provocaron además
una pérdida de credibilidad de las políticas socialdemócratas y keynesianas y
el neoliberalismo encontró una gran acogida en los partidos conservadores, las
organizaciones empresariales y los sectores acomodados de la sociedad, que
acogieron con entusiasmo la defensa de la limitación del papel estatal, de los
recortes sociales, de la bajada de impuestos, así y sobre todo, como de reducir
el poder de los sindicatos[5].
¿Por qué ganan los halcones?
La crack del 2008 y las políticas neoliberales están arrasando
con muchas de las conquistas históricas, y en su punto de mira tienen también
el objetivo de acabar y/o debilitar a los sindicatos. A diferencia de la gran
crisis capitalista de los años 30 del siglo pasado, en la que la izquierda y
los sindicatos se reforzaron para enfrentarse al capital y al fascismo, la
actual crisis los está debilitando.
Desde 2008, los sindicatos obreros han perdido unos 300.000
afiliados. Cierto que una parte importante de este descenso tiene relación con
la pérdida de puestos de trabajo, pero también lo es que las encuestas hablan
de que un 70% de los encuestados tienen poca o ninguna confianza en los
sindicatos y que, en muchos casos, se ven como organizaciones serviles e institucionalizadas[6].
Pero dejemos claro que los sindicatos son una herramienta
básica e insustituible para la defensa de los intereses de la clase trabajadora,
y por eso mismo, gobiernos y patronales querrían limitar su peso e influencia,
y que el antisindicalismo es una de las peores inversiones que se puede hacer,
incluso si se adorna con críticas a las innumerables malas actuaciones de los
sindicatos mayoritarios.
En las sociedades actuales, multiculturales, desiguales,
fragmentadas y desindustrializadas, la identidad de la clase trabajadora se
atomiza y desaparece, los derechos básicos son precarizados y el tibio papel de
los sindicatos y la izquierda en general es cuestionado y endemoniado por el
sistema de producción ideológico hegemónico, esto es, el pensamiento único, el
neoliberalismo.
El desempleado no siente y con razón, la capacidad de los
sindicatos y partidos de izquierda de defender sus intereses y demandas, por el
contrario, sienten la estigmatización y abandono absoluto.
El obrero de cuello
azul de las grandes áreas industriales esta hoy en peligro de extinción, por el
contrario, el sector servicios cotiza al alza absorbiendo ingentes cantidades
de precarios y becarios sin mas absoluta posibilidad plausible de capacidad de
protesta y movilización en defensa de unos estándares mínimos de dignidad.
El sector publico, cada vez mas amenazado y raquítico por el
empleo de los postulados “tacherianos”, sirve como cabeza de puente para
mostrar las bondades de lo privado a costa de su debilidad.
El Emprendedor exitoso, como modelo idealizado, se ha
impuesto en la conciencia social, convirtiendo a las mayorías populares en
clases subalternas y dependientes cuyo único destino es aceptar con resignación
una realidad social impuesta, considerándoles “perdedores y subsidiados”
La complejidad territorial del estado Español interviene
negativamente en la conciencia de clase, confundiendo las prioridades objetivas
de las mayorías sociales, debilitando- cuando no impidiendo- la unidad de
actuación de estas.
La diversidad de interese y conflictos, por otra parte, hace
que la realidad de los movimientos sociales sean de lo mas heterogéneas y
complejas, con lo que esta se convierte en debilidad. A esto hay que sumar, en
ocasiones, las contradicciones entre
interés y conflicto de estos.
La sociedad de la información y persuasión actúa,
conscientemente o no, como altavoz de los postulados y propósitos neoliberales,
exacerbando el consumismo y la anestesiacion mental a través de dispositivos cotidianos
como son, la apabullante e incontrolada cantidad de información producida, la
cotidianidad del mundo espectáculo- esperpento, la vida 2.0, etc.…
Y todo esto ceba al
monstruo amable[7].
¿Solo una pesadilla?
Si creímos que el mundo laboral degradante y casi esclavista
de las grandes fábricas del siglo XIX, las barriadas para obreros lúgubres, la
mendicidad de los desvalidos en una sociedad sórdida eran pasajes de la
maravillosa “Germinal”, estábamos muy equivocados.
Algunos aspectos de la desintegración del digno modelo
social conquistado a través de las luchas pasadas, en nuestros días se retratan
a la perfección en “Los lunes al sol” de León de Aranoa, en “Hoy empieza todo”
de B.Tavernier, “Las nieves del Kilimanjaro”de R.Guediguian o en “Techo y
comida”de J.M. del Castillo, aunque la realidad puede superar en muchas
ocasiones a la ficción.[8]
La crisis del movimiento obrero se debe a una multitud de
elementos, aunque creo que el fundamental ha sido la perdida de “conciencia de
clase”, todos nos creímos clase media, de ahí la derrota.
A Owen Jones[9]
en una ocasión le preguntaron: ¿No cree que muchos jóvenes consideran a los
sindicatos una antigualla de la era pretecnológica?, él respondió: “¿Por qué es
anticuado querer que los trabajadores se unan y se apoyen?”
[1] Eloisa
del Pino y Mª Josefa Rubio Lara, Los estados del bienestar en la encrucijada,
editorial Tecnos, 2013.
[2] Emile
Zola, 1885, Pág. 62. Los estados del bienestar en la encrucijada, editorial
Tecnos, 2013.
[3] El
régimen de bienestar continental, Bruno Palier, los estados del bienestar en la
encrucijada, editorial Tecnos, 2013.
[4] El
estado de bienestar occidental, auge, caída y bloque comunista, James Petras,
9/7/2012.
[5] Unas
claves para entender el neoliberalismo, Reagan y Thatcher, J.A.Gonzalez
Fuentes, 5/11/2008
[6] Retos
del sindicalismo de clase, Sinpermiso.es noviembre Nº, 2014.
[7] El
monstruo amable, ¿el mundo es de derechas?, Raffaele Simone, 4/2/2012,
Publico.es
[8] El
polvorín social donde los jornaleros ganan 2,5 euros a la hora, El País,
2/4/2016 o Limpiar casetas de noche en la feria de Sevilla se paga a 3,5 euros
la hora, Andaluces.es, 10/4/2016.
[9] 16/1/13,
El pueblo contra el proletariado, El País.